Capítulo 2
¿Volver contigo? ¡Ni en tus sueños! Mi verdadero amor ha regresado
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Las palabras quedaron flotando en el aire. La habitación quedó en un silencio sepulcral.
El rostro de Thiago se oscureció por completo. Le arrebató el teléfono de las manos a Camila de un manotazo.
Nadie se atrevía a respirar. En medio de esa tensión insoportable, alguien gritó desde la entrada:
"Ahí viene Victoria".
Todos se giraron para mirarme con ojos burlones.
Yo lo había presenciado todo desde la puerta. Tenía el cuerpo helado.
Thiago parecía estar aún más furioso que yo. Sus ojos destellaban rabia.
Al verme allí parada, inmóvil, se levantó de un salto y me arrastró a la fuerza hacia el cubo de las escaleras.
"Victoria, ¿qué carajos significa esa última frase?".
"¿Quién es él?".
La luz tenue del pasillo caía sobre el rostro de Thiago. Me quedé congelada un segundo.
Su cara... se parecía tanto a la de él.
Pero no importaba qué tan parecidos fueran, Thiago no era él.
Tal vez mi mirada fue demasiado evidente. Thiago se enfureció aún más y le dio un puñetazo a la pared, justo al lado de mi cabeza.
"¿A quién carajos estás mirando cuando me ves a mí?".
Regresé a la realidad y le respondí con frialdad:
"¿Y tú? Eres mi novio, ¿y dejas que otra mujer revise mis cosas privadas como si nada?".
Thiago se tensó. Un destello de culpa cruzó por sus ojos.
Justo en ese momento, Camila salió corriendo detrás de nosotros, fingiendo ser la conciliadora:
"Ay, Thiago, ¿cómo va a tener Victoria a otro en su corazón? Seguro inventó eso en sus notas solo para darte celos".
"Todo es mentira. ¿Acaso Victoria no hizo mil locuras antes para llamar tu atención?".
Al escuchar eso, Thiago pareció recordar cómo solía perseguirlo sin importar el ridículo, incluso intentando ponerlo celoso con otros hombres en el pasado.
Su ira se transformó en su habitual gesto de desprecio.
Dio un paso atrás, frunciendo el ceño:
"Victoria, ¿ya vas a empezar con tus jueguitos? Solo a ti se te ocurriría algo tan infantil".
"Eres agotadora, siempre tan dramática. ¿Acaso tengo que estar pegado a ti las veinticuatro horas del día?".
Camila intervino de inmediato, con tono burlón:
"Victoria, no vuelvas a hacer estas cosas. Yo cuido mucho tu lugar; después de todo, eres la única mujer que Thiago tiene cerca".
Solté una risa seca. ¿Acaso ella no era una mujer?
Entonces, Camila pasó su brazo alrededor del hombro de Thiago de forma muy natural y dijo:
"Thiago, regresemos adentro. Los chicos nos están esperando para seguir la fiesta toda la noche".
"Deja que Victoria se calme sola. No puedes consentirla siempre".
Thiago la miró y en su rostro apareció una sonrisa cómplice y suave, una que ni él mismo notaba que ponía cuando estaba con ella.
Un dolor amargo me oprimió el pecho.
Siempre era igual. Él siempre consentía a Camila. Todo lo que ella quería, él se lo daba sin dudar.
Pero conmigo, siempre era frío y exigente.
Cuando Camila tenía cólicos menstruales, una sola llamada bastaba para que Thiago me dejara plantada y corriera a cuidarla toda la noche.
Pero cuando era mi turno, él solo me decía: "Toma un té caliente. Todas las mujeres pasan por eso, no seas exagerada".
A pesar de haber sido tratada con desprecio incontables veces, nunca me quejé. Mientras pudiera ver ese rostro, me bastaba.
Mientras los veía caminar de regreso entre risas, la vibración de mi celular interrumpió mis pensamientos.
Miré la pantalla. Era un mensaje de un número que me sabía de memoria:
"Estoy de vuelta".