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Capítulo 3
¿Tu segunda opción? ¡Ni lo sueñes! Ahora soy la única

Este capítulo tiene unos 6,100 caracteres (unos 5 minutos de lectura) y es el último de los 3 capítulos de muestra que puedes leer aquí.

Mariana no podía creerlo.

Para ella, yo siempre había sido la chica buena: obediente, complaciente, la que nunca causaba problemas.

Escapar era lo último que esperaba de mí.

Pero entendí que si no era la niña buena, nadie me amaría.

Mientras crecíamos, Carolina brillaba con una luz tan intensa que todos corrían hacia ella.

Yo me esforzaba al máximo, poniéndome de puntitas para que me vieran. Ser obediente, ser agradable... esa era la única manera de lograr que Sebastián y mis padres me prestaran un poco de atención.

Pero ya estaba cansada de ser buena.

Al día siguiente, Sebastián me llevó a ver cómo iba la construcción de nuestra nueva casa.

Me dirigí hacia el asiento del copiloto, pero él me detuvo suavemente.

Ese es el asiento de Carolina.

Carolina acababa de llegar. Sebastián pasó a mi lado y le abrió la puerta del copiloto a ella.

Carolina también está pensando en comprar un departamento... así que aproveché para que viniera a ver este.

Me senté en la parte trasera sin decir una sola palabra.

Claro.

Era una hermosa casa independiente. En cuanto Carolina entró a la habitación principal, sus ojos se iluminaron.

La luz aquí es increíble. Y la humedad es perfecta... ideal para los cultivos de bacterias que estoy usando en mi investigación.

Sebastián se paró a su lado.

Si te gusta, esta habitación es tuya para cuando quieras venir a quedarte.

Traeré a nuestro mejor diseñador para que la decore a tu gusto.

Yo me quedé parada en el marco de la puerta.

Cuando estábamos eligiendo esta casa desde la ubicación hasta la distribución y cada detalle del diseño Sebastián no se había involucrado ni una sola vez.

Siempre decía: "Es solo una casa. Mientras sea funcional, está bien".

Pero ahora estaba hombro con hombro con Carolina frente a la ventana, discutiendo cómo rediseñar la habitación principal.

Parecían una pareja planeando su propio hogar.

Carolina se dio la vuelta y me miró con picardía.

Camila, ¿te molestaría si me quedo con esta habitación?

Miré a Sebastián.

¿Recuerdas que esta es la habitación principal? ¿La que se supone que usaríamos nosotros dos?

La expresión de Sebastián no mostró culpa alguna.

El nombre de la habitación no significa nada. Esto no es un experimento de laboratorio que requiera condiciones especiales. Elige otra y ya.

Clavé mis uñas en las palmas de mis manos antes de abrirlas lentamente.

Eres mi hermana. Quédate en la habitación que quieras.

Sebastián me dio unas palmaditas en la cabeza.

Esa es mi chica.

Después de visitar la casa, recibimos una llamada de la boutique de novias.

Los tres vestidos para la boda ya estaban listos para la última prueba.

Carolina me tomó del brazo.

Camila, déjame ir contigo para ayudarte a elegir.

Realmente parecía la actitud de una hermana mayor cariñosa y protectora.

Pero mientras me probaba los vestidos, ella recibió una llamada telefónica y regresó con una expresión de angustia.

Hubo un problema con el vestido que iba a usar para la gala de esta noche. No encuentro nada adecuado con tan poco tiempo de anticipación...

Sebastián recorrió la boutique con la mirada.

Entonces busca algo aquí.

Nada llamó su atención... hasta que miró el vestido que yo llevaba puesto.

Carolina es de piel muy clara. Este color le quedaría espectacular. ¿Por qué no dejas que tu hermana use este?

La estilista de la boutique intervino de inmediato a mi favor.

Señor, la señorita Camila vino más de treinta veces para el diseño de este vestido. Ella misma dibujó los bocetos para que cada detalle fuera perfecto. Fue hecho a medida exclusivamente para ella.

Además... un vestido de novia no es algo que se preste así como así.

Sebastián me miró como si fuera la petición más razonable del mundo.

Para él, ni siquiera era algo que debiera cuestionarse.

Pero extrañamente, mi pecho no dolió como esperaba.

Me quité el vestido y se lo entregué a Carolina.

No pasa nada. Te verás hermosa en él.

Sebastián pareció sorprendido por un segundo, pero luego su expresión se suavizó.

Camila, eres tan linda. Ven, te llevaré a buscar un vestido mil veces mejor.

Pero sus ojos ya estaban fijos en Carolina, que se probaba mi vestido.

Él se arrodilló y, con sumo cuidado, alisó cada pliegue de la falda alrededor de sus pies.

Alguna vez imaginé esta escena para mí.

Había venido a esta boutique más de treinta veces. Él me había acompañado exactamente una sola vez.

La estilista había sonreído en aquella ocasión, diciendo lo romántico que era que tu pareja te acomodara el vestido.

Él ni siquiera había levantado la mirada. Había respondido con frialdad: "Eso no es romance, es una pérdida de tiempo. A ellas les pagan exactamente para hacer eso".

Ahora, mirando su espalda mientras se arrodillaba a los pies de Carolina, finalmente entendí el precio de mi tonta fantasía.

A todos siempre les había gustado más Carolina. A mis padres. A Sebastián. A todos.

Y aun así, yo no había podido dejar de amarlo.

Porque solo él... cuando mi mamá y mi papá me jalaban de la oreja llamándome lenta y diciendo que no parecía su hija... venía en secreto y ponía un caramelo de fresa en mi mano.

Ser un poco despistada tiene su encanto, ¿sabes?

Guardé ese amor en un rincón muy pequeño de mi corazón.

Hasta el día en que él le confesó sus sentimientos a Carolina, y ella le respondió que en su corazón solo había espacio para su trabajo.

Él se sintió perdido. Y entonces se dio la vuelta y se me declaró a mí.

Sabía que lo hacía por despecho. Aun así, le dije que sí.

Dejé de lado lo que realmente amaba el arte y me quedé a su lado como su asistente de proyectos.

Me obligué a aprender a leer densos análisis de datos y reportes técnicos para ser como Carolina.

Pero yo nunca podría ser Carolina. Y él jamás me amaría como la amaba a ella.

Mi teléfono vibró.

*El taller de cerámica está listo. ¿Cuándo vienes?*

Carolina ya se había cambiado de ropa.

Sebastián tomó un vestido negro de un perchero sin pensarlo mucho y me lo extendió.

Camila, quédate con este... no hagamos esperar a Carolina.

Este está bien. Sencillo, clásico. Muy tú.

Negro otra vez. Mi color menos favorito.

Miré la pantalla de mi celular y tecleé una respuesta.

*Día de la boda. Dije que no iría. Y lo decía en serio.*

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