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Capítulo 2
¿Amigas para siempre? Disfruta a mi esposo, que yo me quedo con todo

Este capítulo tiene unos 3,900 caracteres (unos 3 minutos de lectura) y es el 2 de los 3 capítulos de muestra que puedes leer aquí.

Mi papá se movió rápido.

Apenas llegué a casa, una abogada de divorcios me contactó por WhatsApp y me envió un archivo de 3 GB con pruebas y documentos.

Lo abrí. Además de fotos y registros de hoteles, había una cuenta de TikTok que nunca antes había visto.

Ochenta y tres videos, y en cada uno de ellos aparecía la sombra de Thiago.

Así me enteré de que su primer beso fue el día de mi cumpleaños número veintitrés.

Mientras yo subía a buscar el pastel, ellos estaban en la sala, besándose apasionadamente.

En ese video, subido el día de mi cumpleaños, el texto de Paulina era de una sola palabra: «Adrenalina».

Me enteré de que la primera vez que se acostaron fue durante aquella gran tormenta que inundó la ciudad.

Hubo un apagón en el vecindario de Paulina. Sabiendo que le daba pánico la oscuridad, manejé bajo la tormenta hasta su casa para acompañarla.

Afuera, los relámpagos y los truenos eran ensordecedores. El agua me llegaba a las rodillas y terminé empapada de pies a cabeza.

Pero la puerta de Paulina estaba cerrada con llave. Se había ido de viaje con Thiago.

Playa del Carmen, tres días y dos noches. Ella nunca me lo dijo.

Temiendo que le hubiera pasado algo, estuve tocando su puerta durante media hora en la oscuridad.

Mientras tanto, ella y Thiago estaban en la suite de un hotel de lujo, disfrutando de una cena a la luz de las velas y consumando su traición.

Y el video más reciente había sido subido hacía apenas diez minutos.

El fondo era el departamento de Paulina. Ella seguía usando ese camisón sexy, sonriendo con inocencia a la cámara.

«Casi nos atrapan en nuestra cita secreta, pero por suerte mi amor prometió compensármelo».

«Esta noche tiene prohibido volver a casa».

Su tono era tan natural, sin un solo gramo de culpa.

Reproduje ese video veinte veces, hasta asimilar la realidad.

Esa niña desamparada que me seguía a todas partes desde los siete años, la que tanto juré proteger, finalmente había crecido.

Y el costo de su madurez había sido destruir mi matrimonio.

Apreté el mouse con tanta fuerza que mis nudillos se pusieron blancos. De repente, recordé el día de mi boda con Thiago.

Paulina llevaba el vestido de dama de honor que habíamos elegido juntas en la preparatoria, llorando a moco tendido.

Me tomó de la mano y amenazó a Thiago frente a todos:

Gabriela es mi mejor amiga de por vida. ¡Si alguna vez te atreves a lastimarla, te juro que te las verás conmigo!

Yo caminé entre la multitud y le entregué el ramo directamente a ella.

Paulina, de verdad quiero que tú también seas muy feliz.

Ella se quedó helada por un segundo, luego me abrazó llorando y me gritó al oído:

¡Gabriela, tienes que ser feliz para siempre!

Escena tras escena del pasado pasó por mi mente como ráfagas de viento.

Me senté en el sofá y las lágrimas comenzaron a rodar en silencio.

De repente, mi teléfono sonó. Era Thiago.

Contesté. La voz del hombre llegó a través del auricular, mezclando sospecha y reclamo:

¿Por qué no me dijiste que regresabas hoy? Si Paulina no me lo hubiera dicho, ni me entero.

¿Dónde estás ahora?

¿Quieres que vaya a buscarte?

Me quedé en silencio, mirando el último video de Paulina donde decía que no lo dejaría volver a casa hoy.

Estoy en el aeropuerto. El problema del trabajo aún no se resuelve, solo regresé a recoger un documento importante y me voy de inmediato.

Pasado mañana a las 8 a.m., ve a buscarme al aeropuerto.

Al escuchar mis palabras, Thiago soltó un claro suspiro de alivio al otro lado de la línea, e incluso se escuchó una risita ahogada de mujer de fondo.

Está bien, mi amor. Sigo atrapado en la oficina con unos pendientes, así que no podré ir a despedirte.

Me avisas cuando aterrices.

La llamada terminó. La abogada me miró con cierta duda.

Señora Gabriela, usted...

Sonreí, saqué un pañuelo y me limpié las lágrimas de la cara.

Licenciada Ortiz, si los atrapamos con las manos en la masa, ¿no sería mucho más favorable para mi caso de divorcio?

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