EL PAISAJE Y LA GESTION DE RIESGOS

posteado hace 3 meses | por aitorarber | 0 comentarios

 

 

Esta imagen refleja fielmente una de las cuestiones mas enrevesadas y polémicas a las que un creador se enfrenta: ¿cómo es Ecuador? Pregunta difícil de digerir en el sentido de que no cabe una respuesta simple como pudiera ser: es así, de esta forma ¿por qué? La respuesta a esta terrible incertidumbre es muy sencilla.

Pluralidad de paisajes. Una secuencia simultánea de diferentes matices a la vez. Difíciles de entender en un contexto de pretendida arrogancia acerca de que lo mejor es lo de cada uno, y no es así. Lo mejor está sin duda en cada lado, y los ojos, y el resto de sentidos, son los responsables de ejercitar tan preciada carga de observación, sentimiento y latido, cada vez que se enfrentan a algo diferente de aquellos lugares donde la conciencia abrió los ojos por primera vez. 

Por ejemplo, esta toma es una consecuencia directa de trabajar como profesional de la gestión de riesgos, al servicio de una meta que consiste en reducir las vulnerabilidades, comprender los procesos a través de los cuales una amenaza natural se transforma en riesgo y, por ende, susceptible de provocar daños en infraestructuras, sociedades y procesos sociales. Aunque, por otro lado, la Gestión de Riesgos se enfrenta a otra amenaza procedente de algunos de los profesionales que trabajan en ella y entienden los términos con los que se trabajan conceptos, metodologías y procesos. Planes de contingencias, simulacros, simulaciones, COEs o similares son algunos de los ejemplos teóricos que se manejan pero lamentablemente, en la práctica adolecen de una carencia en términos de visibilidad, socialización, comunicación y comprensión más allá de su propio colectivo u organizaciones. Asimismo, en la práctica también representan un cuidadoso ejercicio de imagen pública: que se implante un sistema de alerta temprana o que se contribuya a la priorización de la Gestión de Riesgos en las políticas nacionales no quiere decir que, sobre el terreno, esta imagen del volcán Tungurahua signifique una aportación menor. 

El simple hecho de que aparezca la naturaleza, en todo su esplendor y determinación, ya es un síntoma de que la fotografía, la comunicación, la gestión de las redes sociales, la creatividad, la técnica del libre albedrío, la capacidad para expresarse por escrito y la propia identidad colectiva también son aspectos transversales de la Gestión de Riesgos que pocos se atreven a reconocer todavía, pero que sin embargo derivan claramente en una interpretación más amplia del propio fenómeno, de una sistematización que va más allá del propio riesgo considerado como el producido por amenazas naturales o presuntamente antrópicas. 

El riesgo también es social y paisajístico y existe más allá de un despacho o de una Unidad de Respuesta. Por ello, también debe trabajarse desde otra óptica que tiene que ver con los procesos institucionales, con la incidencia política, con el fortalecimiento de capacidades, con la capacitación en la reducción del mismo y con la forma en que, por ejemplo, la Unión Europea se ha esforzado por disponer de un excelente programa de financiamiento -planes Dipecho- con organizaciones y proyectos trabajen por la reducción efectiva del riesgo de desastre y de la amenaza que representa sobre el conjunto de la sociedad, el medio ambiente y las relaciones sociales.

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